Los altares de Dolores han servido a lo largo de los años como ofrenda a la Virgen María en su advocación de los Dolores como su nombre lo indica, estos se colocan el viernes anterior a la Semana Mayor con la finalidad de dar un poco de alivio por medio de varios elementos a la madre de Jesucristo en el triste martirio y muerte de su hijo que está por llegar.

Juan José Tapia Ávila

Morelia Patrimonio de la Humanidad A. C., busca recuperar las bellas tradiciones, como el Altar de Dolores, rescatar del olvido las costumbres de “la Ciudad de las Canteras Rosas”, fortalecer la identidad para no caer en el olvido.

En gran parte del territorio mexicano, la época de cuaresma y Semana Santa siguen siendo algo muy significativo, aún y cuando el número de católicos ha disminuido en gran medida. Las vacaciones se llevan a cabo estos días, tanto para católicos, como para los que no, y aunque ahora, ya no es tan frecuente ver a las personas en recogimientos espirituales, las actividades religiosas siguen siendo en muchos lugares el principal eje de su comunidad. Ahora, también estas representaciones de la religiosidad han servido para el recogimiento espiritual tan solicitado en este periodo de cuarentena obligatoria y que justo años atrás servía entre otras cosas para aumentar la demanda del turismo en diferentes regiones, y generar gran cantidad de ingresos económicos.

“La Ciudad de la Puertas Abiertas”

De unos años para acá, Morelia, “la Ciudad de las Puertas Abiertas”, se ha hecho famosa por esa Procesión del silencio, rica en cofradías y esculturas de gran valor artístico e histórico, por la cantidad de faroles, o de cruces elaboradas en diferentes materiales propios de Michoacán, por las andas tan ricas por las que salen en procesión el Santo Entierro y la Virgen de la Soledad del templo de las Capuchinas, tratando con todo esto imitar a la Madre Patria, aunque al mismo tiempo se ha ido dejando lo verdaderamente nuestro, los Altares de Dolores.

El Morelia del siglo XIX y XX, aunque pareciera en el presente que se nos fue y que ya está muerto, que es parte de la historia, y muy alejado de nuestra vida diaria; la realidad es que sigue latente entre nosotros. Ese Morelia está plasmado en alguna cantera, en la traza de alguna calle, en muchos libros, en nuestros barrios y colonias, sigue vivo, sigue entre nosotros. Hay una parte de él que no está escrita, que físicamente no se encuentra presente en ningún edificio, que está un poco oculto y es la que al final de cuentas, ha sido la que forjó al moreliano de hoy por medio de las tradiciones y costumbres.

Los altares de Dolores han servido a lo largo de los años como ofrenda a la Virgen María en su advocación de los Dolores como su nombre lo indica, estos se colocan el viernes anterior a la Semana Mayor con la finalidad de dar un poco de alivio por medio de varios elementos a la madre de Jesucristo en el triste martirio y muerte de su hijo que está por llegar.

Autores que hablen de este tema son varios, sobre todo los que escribieron en el siglo XIX y XX, podría hacer mención de los más sobresalientes y de sus obras, como Guillermo Prieto, García Cubas, Gonzalbo Aizpuru entre otros tantos, pero para este caso que hoy nos ocupa, rescataré la figura de nuestro moreliano ilustre, el Licenciado Mariano de Jesús Torres, quien describe de una manera muy amena el altar dedicado a la Virgen de los Dolores, y que será quien nos sirva como apoyo a las historias que he escuchado.

Aparte de toda la solemnidad que la cuaresma traía consigo, el penúltimo viernes, o viernes de Dolores, la sociedad moreliana acostumbraba poner en la intimidad de sus casas la ofrenda a la Virgen, y es precisamente esta intimidad en donde se encuentra la diferencia con los altares de otras regiones del país, los morelianos por lo regular seguían con la costumbre de no hacer muy llamativas las actividades, eran más sobrios en sus fiestas, pareciera que había cierta continuidad aún con la sobriedad de su arquitectura barroca.

Sentido y significado del altar

El colocar un altar en casa era algo que representaba mucha devoción por parte de los creyentes, y la idea original era darle un momento de tranquilidad a María, distraerla por medio de los sentidos para que no pensara en el sufrimiento próximo, hacer que por medio de la vista, oído, gusto y olfato pudiera dejar por un instante de pensar, esto se puede ver perfectamente en las oraciones que se le hacían, tratando de mitigar su dolor.

Escenarios de los altares de Dolores

Los altares se ponían de la manera más solemne que se pudiera y según los recursos con los que contara cada familia, todos los elementos eran los que ya existían en casa, así que no se compraban cosas de más, por lo regular era la señora de la casa quien ponía la ofrenda, y para esto se buscaba un espacio que fuera el adecuado para adorar a la Virgen. Este lugar por lo general era el salón principal o la pieza o habitación de los dueños de la casa, en pocos lugares el altar llegaba a ponerse en los balcones, sobre todo esto ya es más de la segunda mitad del siglo XX, y en el barrio de Capuchinas, por donde pasaba la procesión de la Virgen, cosa contraria en el XIX que la procesión principal era en el complejo conventual de los franciscanos.

 

Foto de Eduardo Montes.

Elementos de los Altares de dolores

El altar principalmente tenía que tener una imagen de la Virgen de los Dolores, ya fuera una pintura, una escultura en cera, de madera, o del material que sea, según fuera la pieza se sacaba o no del capelo que la cubría durante el resto del año, por lo regular cuando eran esculturas de vestir, las telas y los encajes y bordados, eran de lo mejor. Se colocaba una mesa con el mantel más blanco y mejor bordado que se tuviera en casa, al centro y tratando de que fuera lo que más resaltara se encontraba la Virgen, y a sus lados, los candelabros de bronce, plata o madera con cirios o velas de cera, que incluso en ocasiones estaban ricamente decorados con flores escamadas.

Las esferas azogadas de múltiples y vivos colores en el altar de Dolores no es algo que se haga mención en los textos del “Pingo” Torres, sin embargo, él haciendo referencia a otras maneras de decorar dentro de los templos habla de ellas, y es que esas esferas no cualquier familia las tenían, pues eran un lujo y con ellas se adornaban los centros de las mesas de la sala, así que es posible que se le colocaran en los altares a la virgen, tratando de consolar su vista un poco.


Los trigos germinados eran otro de los elementos que se colocaban en los altares, estos se siembran depende del clima, pero aproximadamente unos doce días antes de colocar el altar. Por lo regular se ponían en macetas de barro tierra, y sobre ella, los trigos previamente mojados, se cubrían con otra pequeña capa de tierra y se guardaban, muchas veces, debajo de las camas para que crecieran sin la luz del sol, y así, sin clorofila germinaran en un tono amarillo.

Esto tiene varios significados, por un lado existe la idea de que si el trigo no muere, no da fruto, y es por ello que: “Cristo tuvo que morir para dar la salvación de los hombres”, el trigo crece en la oscuridad, como los hombres, y no es hasta la resurrección o que en la tradición Jesús resucita que se ve la esperanza. Otro de los significados de los trigos es un pasaje en la Biblia en el Evangelio de Lucas, capítulo 2, versículo 34 que habla cuando el profeta le dice a María que: “una espada atravesará tu alma” haciendo referencia al dolor de perder a su hijo, entonces los trigos recién germinados, forman en su hoja una especie de espada, y la gente hacía referencia a este pasaje.

Las flores y las hierbas que se colocaban eran según cada familia, por lo regular había de todo, entre las azucenas, “las flores de papel”, estrellas de la Virgen, gladiolas, nardos, entre otras, la idea era deleitar el olfato de María, las hierbas que se colocaban en el piso, y que servían para que a la hora de pisarlas desprendieran bellos olores, podrían ser mastranto, hierba buena, manzanilla, laurel, romero, anís, hinojo y una gran variedad que al combinarlas generaban un abanico de olores.

En algunos lugares era común encontrar pájaros en jaulas alrededor del altar, ya fueran cenzontles, clarines, jilgueros, canarios, o ya por lo menos gorriones, estos al cantar, distraían de nuevo a la Virgen. Por lo regular, se sabía en Morelia, en qué casa se colocaba altar, la cual se podía visitar, sin embargo, muchas familias que montaban un altar, no invitaban a verlo más que a los familiares más cercanos y uno que otro amigo.

Tertulia, del Altar de Dolores, prohíbe su continuidad en Morelia.

Al llegar a la casa, el invitado llamaba a la puerta haciendo esta pregunta: “¿Lloró la Virgen?” entendiendo con esto que si le permitían entrar para ver el altar, el anfitrión al contestar con un sí, invitaba a adentrarse a la casa, y como muestra de amabilidad se le ofrecía un vaso de agua, ya fuera de limón con chía, haciendo comparación con las lágrimas de la Virgen, de Horchata de semillas de melón o de arroz, refiriendo a la leche materna de María, o mejor, agua de Obispo, esta estaba elaborada con betabel, y se le agregaba lechuga picada, rebanadas de plátano y naranja y cacahuate tostado.

La reunión daba comienzo, empezaban los rezos y pésames, en algunos lugares se ponía música clásica de fondo, o alguna pieza sacra, en otros lugares, los hijos de la familia cantaban o tocaban el piano o el violín, había otras casas que contrataban una comparsa, aunque nada más fuera alguna trompeta y un tambor. La tertulia muchas veces se salía de control, pues se dejaban a un lado los vasos de agua, y comenzaban a ofrecerse copas, ya fuera de algún aguardiente, de una charanda, un vino tinto y claro, que el delicioso rompope. Esto en algún momento sirvió para que el clero prohibiera este tipo de reuniones, pues “se llegan a embriagar frente a nuestra santísima Madre y en cuaresma”.

Han cambiado las cosas.

El Morelia que vemos ahora ya no es el mismo, sin embargo, hay uno que otro altar que se sigue colocando en la intimidad de las casas, que para nada tenía esto una función turística, al contrario, se buscaba la discreción posible, la idea de los altares de Dolores entre otras tantas actividades de la cuaresma, es simplemente dar consuelo y acompañar a la Virgen, distraerla.

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