Lola, tomada del muro de facebook Eduardo Montes
Por Eduardo Montes
De Memorelia
Editorial Jitanjafora

Lola

Moviendo las páginas de mi libro, de las últimas a las primeras, veía “a ojo de buen cubero” los innúmeros y limitados acontecimientos. De pronto el libro se detuvo en un capítulo imantado y luminoso. Un capítulo de esos que no se olvidan, que se repasan diariamente sin necesidad de acariciar las hojas o abrir el libro.
Los amigos, fluctuando entre los trece y dieciséis años, patinábamos sobre insuficientes calles, por esas calles empinadas del norte de nuestra ciudad con emoción palpitante.
—¿Saldremos vivos de la empresa?
¿No se nos atravesará un coche?
Entre risas y raspones, una que otra fractura. Jugar a las “coleadas” y dos o tres narices sangradas.
No había sudor, no había cansancio ni dolor.
Rafael fue a casa, mi madre nos pedía que al menos nos quitáramos los patines; para no rayar el suelo.
Ella había comprado un pollo muerto con todo y plumas, con todo y tripas ¡uff!
—Creo que comeremos horrible, pues mi madre cocina igual y creo que ni sabe que los pollos tienen algo adentro.
Rafael muy comedido ante mis ojos atónitos quitó así como así las plumas y cual patólogo experimentado abrió con un bisturí cocinero el cuerpo, sacando todo hasta las piedras y la caca de la molleja. Sentí que estaba a punto de caerme y miraba con orgullo la capacidad de mi amigo Rafa.
No, no puedo comer eso ¡qué asco! Y mi madre que cocina tan mal que se le quema el agua. Hoy como si fuera Viernes Santo haré ayuno y abstinencia ¡qué caray!
—Eddy, me dijo Rafa, ven a comer a casa y al cabo que somos tantos que comida sobra; yo encantado acepté, pues siempre las invitaciones me arroban y quería conocer esa casona.
¿Como será por dentro?
—Mira mi “Bueli” (abuela) es excelente cocinera aunque algo clasista y no le gusta que nos juntemos con cualquiera, aunque es muy buena persona. Así que cuidado, ni una grosería.
—¡Juega!
La casa era enorme, de patio de cuatro corredores y el comedor con puerta al centro y dos ventanas a los lados, ojivales, más zamoranos que morelianos.
Había en el patio una enorme lima que inundaba al ambiente de fruto, de azahar, pues siempre estaba henchida.
Una jauría de perros salió a recibirme y un buen numero de gatos mi miraron indiferentes.
La abuela salió de la cocina y al verla pensé ¡qué altiva! No, no era altiva era su porte en verdad majestuoso. De negro absoluto pero a la moda, recuerdo una blusa de seda negra con un adorno sencillo.
No portaba nada brillante, sólo su argolla de matrimonio en unas manos grandes como nunca he visto iguales ¿cómo habrán sido cuando joven! El rostro noble, los ojos hundidos, penetrantes las arrugas disfrazaban lo que había sido un rostro hermoso, el cabello blanco plata se recogía como en un rollo pegado a la nuca rematado por una pequeña peineta de carey.
¡Qué desorden los muchachos eran ocho, se pasaban las cosas, platicaban al mismo tiempo. La abuela a la cabecera me penetró con su mirada.
Mi padre que había sido muy exigente en eso de los modales, me lo puse delante y comí sin cometer errores. La abuela antes de comer tomó una actitud de reflexión, como quien ora sin que note, sin hacer lo que otros —imponer el rezo— observé ese cutis blanco no incoloro sino como de marfil.
—¿Y tú quien eres? me dijo ¿eres de aquí? ¿De que familia? ¿Eres católico? ¿Qué estudias?
Yo le contesté.
Luego hablamos de animales y de música y el tono subió. Con sus dedos hacia bolitas de pan y de las sobras, todo picaba, para los pajaritos, palomas, perros y gatos. En esa época yo era muy “animalero” y eso le gustó.
—Señora, pronuncié, me interrumpió y me dijo
—señoras hay muchas, mi nombre aunque común es Dolores Chavez, y mejor dime Lola.
—Lola, dije quedo ¿le gustan mucho los animales? y contestó:
No es que me gusten son criaturas de Dios que hay que amar pues no tienen alma y no gozarán de Dios, pues que gocen del mundo que Él les dio
—Bueno ¿si están vivos no tienen alma? Pregunté
—si que la tienen contestó con una sonrisa pero esta no es semejante a Dios y por lo tanto su alma no es inmortal
Me quedé atónito
—aparte de los animales que te gusta, preguntó
—la música, respondí
—Aquí tenemos piano ¿lo tocas? Yo de joven toqué no muy bien pero gusté mucho de las mazurcas de Godard.
y yo pensé ¿quien será ese tal Godard?
El sol afuera daba un espectáculo rotundo, gemía por el la muerte de la tarde “hundiéndose en en su sangre” como dice Baudelaire.
¡Dios! Se nos fue la tarde en otras charlas y me quedé a cenar,
* * *
Esa noche me revolcaba, qué personaje tan fascinante ¡qué vitalidad! ¡Qué humildad!
No pude leer, no pude dormir, todo me daba vueltas; pues creo que se afianzaba mucho a mucho un afecto ¡qué digo un afecto! ¡Un amor que no se podía contener en mi cuerpo! Un amor tan espiritual que sentí en todo mi ser.
Al otro día al salir de la escuela así como de encimoso, “casualmente” llegué a buscar a Rafael. Mi plato me esperaba, Lola también.
Habló de Morelia, de sus familias, de sus casonas de sus antiguas haciendas, su menosprecio por Francisco I Madero y su admiración por Don Porfirio.
Lola —Ingenuamente pregunté ¿qué edad tiene? (a esa edad se pregunta todo y a la suya se contesta igual)
—Voy a cumplir las alcayatas
—¿Qué? Qué es eso
— pues dos sietes ¿que la alcayata no tiene forma de siete?
¡Que viejecita! Pensé.
* * *
Sus días transcurrían de la primera Misa a los interminables trabajos del hogar.
Lola llevaba la casa, esa hermosa casona vieja llena de antigüedades y recuerdos que se confundían: de las paredes colgaba una tecata (descorche) y allí juntito colgaba una risa, un llanto. Al barrer el polvo volaba con las charlas idas, olían las tertulias que hacía años no se daban…
Lo único que no carcomía la polilla eran los recuerdos que florecían con el abono de la voz de Lola.
* * *
¡Que manera tan singular de hacer el arroz! Quedaba sin picar con un sabor a chile jalapeño de una delicadeza que ella solo sabía volcar.
—Esto queda al punto cuando se dice un Credo o tres Aves Marías, aquello merece un Rosario completo y se dedica el plato al vivo y la oración al refrigerio de la ánimas del Purgatorio.
Por la tarde me platicaba mientras tejía con gancho infinitas carpetas, cortinas, visillos, que nunca se usarían, acabaron en cajas, era como tejer la vida, blanca y bella.
Las platicas en la cocina se sazonaban con tomillo y laurel, no hablábamos de cocina sino del Concilio Vaticano o cosas así.
—Eddy, me decía por fin las cosas se enderezarán, desde hoy la Misa es de frente y en Español. Nunca entendí por qué de espalda ¿acaso Cristo daba la espalda? Y pocos sabemos que se dice en latín, el español llega a todos ¡vientos nuevos soplan, eso es maravilloso!
Un día Pregunté:
Lola ¿que es lo bueno? Y ella contestó.
—Lo bueno es ir siempre a la derecha, siempre a la derecha.
Yo no podía comprender y me dijo sin que yo interrogara, pues ella me adivinaba no sólo lo que pensaba sino todo sobre mí.
—Lo bueno es relativo a algo dijo y me preguntó ¿una escalera sube o baja? Si tú sales de tu casa la derecha da al oriente, camina hacía allá, mi derecha da al lado contrario y si pudiéramos caminar cada uno a su derecha en dirección opuesta, en este mundo redondo un día nos encontraríamos ¿no es así?
Se quedó callada y yo callé. Algo flotaba en el ambiente, una energía que nunca antes vi. Rompiendo el silencio dijo
—Eddy, pronto entrarás a la edad del amor, ten cuidado, podrías sufrir ¡sigue tu derecha! solo haz eso, que todos los caminos llevan al amor, no quiero que sufras, ten la Biblia con amiga, allí encontraras remedio para todo.
¿Que la Biblia se puede leer? —Pregunté ¿no está prohibido? ¡No es malo?
Malo es no hacerlo —contestó— de allí puede beber el católico, nuestros Hermanos Separados, y aún un ateo inteligente.
—Lolita, pregunté ¿que piensa de los ateos?
—¡Lola Por favor! No me van los diminutivos. Más vale un ateo bueno que mil cristianos tibios, Los caminos de Dios son infinitos y Dios escribe a veces con renglones torcidos y malo es tratar de enderezar sus escritos que son perfectos ¿no?
—Empieza por los Evangelios, los Salmos, el Cántico de Cánticos, y Job, no te metas con el Libro de los Números y deja el Apocalipsis para cuando seas mayor o estés cerca de tu juicio propio.
Y leí los Evangelios y mil dudas salieron al respecto, como el perdón de la blasfemia contra el Padre o el Hijo, pero no las blasfemia contra el Espíritu Santo, y me dijo es que eso es blasfemar contra la vida.
Lola, Pregunté, no comprendo lo de la virginidad de María, entiendo que la pudo fecundar el Espíritu Santo ¿pero al nacer el niño no quedaba sin virginidad?
—Trae mi Biblia contestó, buscó con seguridad y leyó “Yo soy la Luz del Mundo” y me dijo como una niña, la luz atraviesa al cristal sin romperlo; Cristo es Luz María Cristal. Si la profecía dice que una virgen parirá, la virginidad tiene que quedar intacta ¿sino donde esta la prueba? Los humanos siempre exigimos pruebas, pruebas, milagros, tú nunca pidas milagros en vano, pues es milagro que no mueras por un estornudo, es un milagro que tu corazón no deje de latir miles de veces diarias ¿lo sientes cansado? ¡Eso es milagro! pues es tan músculo como cualquiera ¿o no?
Ese árbol fecundo en el patio daba tantas limas que había para tirar, que a falta de nieve jugábamos tirándonos limas y no quedó para espanto de Lola vidrio sano. La ropa se mojaba con el jugo ¡cuántas lentes me rompieron! Lola se divertía al ver y se ponía de mi lado y me decía, tira para allá, no, no no, al otro lado de pronto los ojos brillaban con ojos de niñez.
Luego nos subíamos a la azotea y nos robábamos los nísperos de Doña “Esthercita”, robados nos sabían tan buenos Lola nos decía
—El que obleas y nísperos come, bebe cerveza, espárragos chupa y besa a una vieja; ni come, ni bebe, ni chupa, ni besa.
Y decía tantos dichos un día que alguien “inexplicablemente” se hizo rico dijo, “Sacristán que vende velas y no tiene comenzar; volartitis, volatitis de las velas del altar”.
* * *
Poco le duró el gusto de la Misa postconciliar, acabó el milagro; su corazón se cansó y la tiró al “reposet” y ahí comenzó la mayor intimidad.
Así me contó como nació en “Los Corrales”, la hacienda familiar, me contó de sus hermanas de las que conocí tres (Soledad, Teresa y Meche) y a su hermano Manuel quien perdió las piernas en la Cristiada.
Su esposo había muerto hacía mucho y el luto nunca se lo quitó hasta acabar con batitas rosas. Su rollo se convirtió en una larga y hermosa trenza.
—Mi primera noche de casada , dijo, la pasé en casa de mis suegros que también eran mis tíos, por supuesto en habitaciones separadas y no estuvimos juntos sino hasta el otro día, en el tren con rumbo a la Ciudad de México. Creo que el señor era muy duro pero, hablaba de él con gran amor y respeto, tanto que su habitación permanecía intacta.
Un día vinieron sus nietos más pequeños; unos diablos que subían a la azotea y hacían mil cosas peligrosas, cuando vio que me asusté me dijo
—Calma, a los niños los cuida el diablo, mejor que su Ángel Guardián.
—¿Qué? ¿Cómo es eso? Respondí.
—Claro, respondió, si un niño se muere se va al cielo, al demonio le interesa que lleguen a adultos, así los puede perder, que ya lo sabes “no hay mejor nana que el diablo”.
* * *
Un día Lola empezó con con cosas raras, confundiendo el ayer con el hoy
—¿Ha llegado mi esposo?
¿Ya comieron los niños? De pronto todo volvía al momento y todo era normal.
Empezó el terror a la agonía, no a la muerte, sino al trance y me dijo:
— A lo que más le temo es a no poder hablar, tener sed o necesidad de un sacerdote ¡qué horror” Dios ¡Dios, no lo permitas! ¡Qué no me suceda!
De pronto le surgía la presunción de la belleza y decía:
—Si mi nariz fuera más pequeña estaría perfecta, sería tan bella como Teresa (su hermana)
Un día llegué a mi visita diaria y me habló como si yo fuese otra persona.
—Oye Salomón, me dijo, ¿por que no te has dejado ver?
las flores marchitas renacían reinaba la juventud.
Yo Salomón Mendoza fui su tutor.
* * *
Tres meses en el hospital de Nuestra Señora de la Salud cosa que por la imagen de la Virgen la hizo creer que estábamos en Pátzcuaro un día vino su sobrina a verla y Lola preguntó:
—¿En qué te has venido hija?
—A pié, contestó su sobrina
—Cómo ¿me quieres tomar el pelo?
Quedamente dije a Maria Auxilio “estamos en Pátzcuaro”
Y ella respondió.
—Vengo a pie desde la Estación.
Allí aprendí a poner el “cómodo” allí a dar de comer en la boca y hasta aprendi a inyectar. Un día le corté las uñas de los pies y avergonzada me dijo ¡Ni mi marido me vio los pies”.
Lola era tan moderna como de su época, tan religiosa como abierta, vivió su vida tan intensamente en belleza, dinero, vejez, con gozos y sufrimientos.
* * *
En Julio de 1967 fue trasladad a a su casa, pues es mejor morir en la morada. Fueron para mí unos días cubiertos de frío y oscuridad en el Verano.
El miedo al trance tuvo sus motivos, pues no podía pronunciar palabra, nadie le entendía, de pronto reverdeció la lucidez y reconoció a Martha su nieta favorita y pronunció los nombres de sus hijos, Lola, Concha, Rafael ¡y el mío! No Salomón, me dijo Eddy.
¡Esos estertores que sufre la vida!
Vinieron las ansias, el terror, el no poder hablar, los recuerdos de las charlas me dijeron que debía hacer, ya no dije Lola.
—Bueli ¿Quieres agua? con un gesto dijo no.
—Bueli ¿Un Sacerdote? y sonrió, después que éste se fue le recité “El Magnificat” pues me dijo había mucho tempo “este himno ataja al mal y trae la verdadera paz y luz.
* * *
Sobrevino la paz eterna y fue para mí un dolor egoísta y agudo… Mi primer encuentro con la muerte, un recuerdo tan real que podía tocar y sentir en cada poro de mi piel. El abono de su voz se acabó. La casa se cimbró , quedaron los muebles, las cosas, pero aquella risa colgada, aquel llorar se desprendieron. Sólo quedó la casa y con el tiempo todo se secó, ya no hay limas ni cuartos, nada, ahora solamente es un baldío y la fachada es un cascarón.
Mi más amada amiga me mostró tanto de la vida, la apertura, la religión, la tolerancia. El atarse a la vida y chupar gota a gota cada segundo, me narró con palabras y luego con hechos el pavor, la paz, la demencia senil, la sabiduría de los ancianos, el morir.
¡Hace veintiocho años la vi morir! Algo de su luto se conserva en mí, pero mucho, mucho más de su vida. Hablo con ella, en su tumba hay una parte de mí.
Juro que nadie la recuerda como yo, un minuto, un segundo, acariciando sus arrugas, tragando sus frases y viviendo su juventud. Su voz de niña anciana me resuena. No creo en el Purgatorio, pero un diario Ave María le dedico a Lola mi amada no abuelita, hasta que yo mismo senil vuelva a mi niñez y charlé con ella, pues volverá con mi ateroesclerosis y hablaremos de niño a niña, de anciano a anciana. No escribo más por que un gemido me hará gritar.
Ubicación actual de la casa de Lola .Calle Morelis y 20 de Noviembre
¡Lola, vuelve pronto! Mi senilidad te llamará.
25 de Julio de 1994
Lloviendo mucho en Morelia

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