•            “Masa y Carne” es un cortometraje del realizador Juan Pablo Elorriaga Ramírez, su riqueza audiovisual es enorme y abre muchísimas ventanas que permite recorrer caminos y explorar opciones de difusión sobre la importancia del cultivo del maíz criollo.

•            El documental de 20 minutos explora la integración del maíz transgénico y cómo afecta a los habitantes del campo.

•            Grabado en Sénguio, la verdad es que tiene un carácter internacional, el maíz se consume hasta Argentina. Es justo que se nombre de una manera sutil.

Morelia, Michoacán a 26, de febrero, de 2020.- El sonido del digerdu, resuena, atrapa y rememora la concepción y el ciclo de vida. La siembra del maíz. Así una pista de músico mexicano, Jorge Reyes viste la escena de entrada y culmina también la salida de “Masa y Carne” (2020), el más reciente cortometraje de Juan Pablo Elorriaga Ramírez, que se muestra en la sala del Museo del Maíz (MUDMA), en Sénguio, Michoacán y que es la poética hecha imagen de lo importante y elocuente que es respetar las estaciones del año, con los ciclos del cultivo y la vida del ser humano.

El MUDMA, es un museo que se divide en espacios bien delimitados, cada uno dedicado a contar cuál es la importancia de la vida del cuidado de la milpa y su cosecha. Antes de terminar el recorrido por el recinto, justo se encuentra el apartado dedicado a la inspiración de los artistas donde la metáfora es justamente ye maíz y es así, que uno puede sentarse y observar “Masa y carne”, cortometraje que tiene una duración de 20 minutos.

juan Pablo Elorriaga Ramírez.

El documental cuenta la historia de Cenobia, Amado y José Luis, personas de campo que viven sincronizadamente con los ritmos del maíz y quienes siguen tradiciones desde el bendecir las semillas para el cultivo como la fiesta del combate. La vida en torno al cultivo del maíz que es el alimento y fuente económica de muchas familias en el campo mexicano.

Juan Pablo Elorriaga Ramírez. Explicó para el portal de Morelia Patrimonio de la Humanidad que su filme “masa y carne”, se llama de tal forma gracias al libro del “Popol Vuh”, que cuenta como el cuerpo del ser humano está hecho de maíz, según el mito maya. “El concepto de la carne me pareció un complemento al del maíz que implica la nixtamalización” (…) “La carne es un complemento interesante que está presente en todo momento, desde el buey que arrastra el arado hasta las personas que con sus manos hacen las tortillas y guisan la carne que le hachas al taco. Es esa fuerza de la voluntad que se requiere para crear masa”.

El documental fue grabándose con el proceso de siembra, cultivo y cosecha que dura todo el año. “Estuve viniendo a Sénguio para vivir y registrar los distintos periodos; desde la siembra, el abono, el riego, la cosecha del elote y del grano de maíz”.

La posproducción de “Masa y carne” duro un mes aproximadamente para ver los resultados. La banda sonora fue colocada en la etapa final. “Jorge Reyes, fue el músico que utilice para la apertura y cierre de los créditos. Considero que Reyes, es el artista que interpreta los instrumentos prehispánicos más florecientes y educado en el tema. Por otra parte están los Calchakis, músicos chilenos, la pieza que elegí de ellos dice “pobre del maíz que va a ver morir el quetzal”. Se sabe que el pájaro de las mil voces es el ave sagrada prehispánica, símbolo de la libertad del espíritu y la elevación del mismo. Si se muere el quetzal de alguna forma también el maíz.  “El tema del cultivo del maíz transgénico se toca y tiene que ver con el discurso del MUDMA, y en la película también existen las evidencias de este fenómeno que aparece en la secuencia del abono”, refirió, Elorriaga Ramírez.

Musicalmente el documental, tiene el ritmo frenético del cambio de estación y principalmente si el tema principal es una pieza andina que habla del maíz se hace importante y evidente para todo Sudamérica.

Para Juan Pablo Elorriaga, el proceso de cultivo ha dejado de ser 100 por ciento puro y no debe ocultarse esta realidad. Es muy importante darle valor al maíz criollo más que declararse en guerra contra el maíz transgénico. No se puede competir al maíz transgénico. “Es real que no es negocio el cultivo del maíz criollo, el transgénico es absurdo, pero es necesario de alguna forma”.

Casi para finalizar la entrevista el joven cineasta explicó que es necesario educar a la gente sobre la importancia que tiene el maíz orgánico y crear un nuevo mercado que si bien no va a competir en tamaño con el maíz transgénico, puede permitir que se sostenga el maíz criollo y se prepare la comida y perpetuar así  los ciclos, como los valores culturales, que terminan siendo  el soporte de un estilo de vida, de convivencia con el país. La raíz. “Necesitamos de la gente que viva en la naturaleza y que sepa trabajarla de forma rítmica y en conexión con la tierra”.

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